sábado, 27 de agosto de 2016
La gente dice que los perros huelen el miedo, yo digo que huelen el amor. Los perros de la calle siempre se te acercan cuando te sientes más triste o más solo. Y tú piensas que es al revés. Entonces lo acaricias y piensas que lo has hecho feliz un momento. Pero en realidad, ellos piensan que te han hecho feliz a ti. A veces los perros simplemente tienen un instinto que los lleva hasta donde se les necesita, para hacerte sentir un poco más amado, a pesar de todo el maltrato que enfrentan en el camino. ¿Puedes imaginar esa clase de amor?.
Me gusta más estar afuera que adentro. Y si estoy adentro, me gusta estar con las ventanas abiertas. Y si las ventanas están cerradas me gusta estar con las cortinas abiertas. No sufro de claustrofobia, para nada. Es la vida asfixiándome. Son las ganas que tengo de respirar aire puro. Es la adrenalina que siento por escalar una montaña hasta tocar las nubes. Es esta sed de aventura.
Ya es tiempo de olvidarte de todo.
Desbloqueas tu celular, abres WhatsApp y miras tus mensajes. Después vas a tus contactos y hay miles de recuerdos, de amigos que hiciste recientemente, compañeros de la escuela, colegio y hasta gente cual no sabes ni porque tienes su número...
Pero entre todos ellos hay uno especial, uno por el cual bajas rápido la lista y revisas su foto de perfil y su estado a diario. Esa persona que un día fue tan especial para ti y hoy es solo un mar de recuerdos. Y al pensar en todo lo vivido, te entran las ganas de hablarle, saber como le ha ido, como está, saber que ha sido de su vida desde que se alejaron. Pero te limitas a ver su perfil cientos de veces al día, ahogándote en las ganas de decirle: "te extraño" y no por orgullo, sino por miedo a que esa persona tú le des igual, que tal vez ya no le interesas y que los recuerdos que para ti son hermosos, a él le de igual. Y así siguen pasando los días, las semanas, los meses y te quedas con el sentimiento de extrañarlo, por el simple miedo de hablarle y que para él tú no hayas valido nada.
Pero entre todos ellos hay uno especial, uno por el cual bajas rápido la lista y revisas su foto de perfil y su estado a diario. Esa persona que un día fue tan especial para ti y hoy es solo un mar de recuerdos. Y al pensar en todo lo vivido, te entran las ganas de hablarle, saber como le ha ido, como está, saber que ha sido de su vida desde que se alejaron. Pero te limitas a ver su perfil cientos de veces al día, ahogándote en las ganas de decirle: "te extraño" y no por orgullo, sino por miedo a que esa persona tú le des igual, que tal vez ya no le interesas y que los recuerdos que para ti son hermosos, a él le de igual. Y así siguen pasando los días, las semanas, los meses y te quedas con el sentimiento de extrañarlo, por el simple miedo de hablarle y que para él tú no hayas valido nada.
viernes, 5 de agosto de 2016
"El síndrome del eterno viajero".
"Hoy no es un día cualquiera, me voy de nuevo. Llevo muchos meses esperando a hacer otro de mis viajes largos. Todos los olores, colores y sabores que tenia tan frescos en mi cabeza, empezaban a ser recuerdos difusos, que se fundían unos con otros, formando una lluvia de lugares, a los que querer volver una y otra vez.
Necesito volver a perder la noción del tiempo y que cada día de las semanas se llame igual. No saber en que mes estoy. Es increíble, pero pasa. Necesito que los domingos no sean tristes, ni los miércoles el día del espectador. Quiero que lo único importante sea pensar en que hacer en cada momento: dónde dormir cada día, cuánto me puedo ahorrar comiendo, cómo llegar a la siguiente ciudad, qué me espera al bajarme del siguiente autobús... Del siguiente barco... Del siguiente tren...
No me gusta volar pero es el precio que tengo que pagar para que a partir de hoy cada día no sea un día cualquiera.
Lo mejor de estar lejos de todo lo que conozco es saber que a cada paso que dé, me espera algo totalmente nuevo. No tener un camino aprendido en el que hacer memoria en cada semáforo, cada tienda, cada esquina, hace que me fije en todo lo que me rodea, que esté alerta para no perderme nada. Es entonces cuando tengo la sensación de estar en un momento único y en el que todo lo demás no importa. Reconozco que estoy enganchada a esta forma de vida. Estoy aquí. En éste lugar ajeno a mi mundo. Ahora... Y puede que no pueda venir nunca más. Tengo que saborear cada momento, guardarlo en mi disco duro, para dentro de muchos años recuperar algún segundo de todo esto. A algún segundo que pueda sobrevivir al paso del tiempo y que me devuelva aquí por un instante.
No recuerdo que pasó hace 3 semanas en un día cualquiera de oficina, pero quiero recordar que estoy aquí.
Siempre me pasa igual. Me cuesta adaptarme al cambio. A pesar de la cantidad de sitios en los que he estado, al principio es solo pagar una especie de peaje. Es una pequeña descompresión... O mejor dicho... Una pequeña comprensión.
Costumbres ajenas, que me toman desprevenida al principio. Las mismas a las que al poco tiempo me acostumbro y hago mías. Nunca dejara de sorprenderme la capacidad de adaptación que tiene el ser humano.
Reconozco que no me gusta encontrar gente de mi mismo país por el mundo. Cuando eso ocurre, procuro hablar y tratar de pasar desapercibida. En parte me siento mal por hacerlo... Pero la realidad es que no puedo con las exaltaciones nacionalistas a kilómetros de distancia. Además, se trata de una situación que hace que todo sea menos autentico. Menos especial. Y seamos sinceros... Cuando uno esta a miles de kilómetros de casa... mochila en mano... buscando experiencias nuevas... queriendo vivir una aventura, no quiere hablar de jamón, ni tortillas, ni patatas con desconocidos. Al menos, no en tu mismo idioma. No sé... Parece que por el hecho de ser de nuestro país estamos obligados a entablar una conversación, que nos llevara irremediablemente al mismo sitio del que venimos. Es algo que nunca he entendido, si coincidiera con ellos en el metro de donde soy, no hablaríamos de nada. ¿Por qué aquí si?.
Que curiosa es la curiosidad. Siento que la gente me mira y se sorprenden porque me paro a mirar cosas que a ellos no les llama la atención. Para ellos, todo esto es normal. Es su día a día. Para mi no... Para mi un perro dentro de una jaula con un cuenco de arroz no es normal. Se merece dos o tres minutos de mi tiempo y alguna que otra foto. Por esto, me paro a ver cualquier cosa que aquí es normal y me siento observada, lo cual también me hace mucha gracia. Seguro que alguna vez estando en la calle de casa me he parado a mirar a alguien que estaba haciéndole una foto a un puesto de churros. Que curiosa es la curiosidad, sobre todo cuando no pretende serlo. "Donde fueras, haz lo que vienes", probablemente una de las frases hechas que me generan mas amor y odio a partes iguales. La odio porque suena fatal y porque a casi todo el mundo se le llena la boca al pronunciarla como si realmente se dejaran llevar por ella, se trata de una especie de violación gramatical socialmente afectada. Y me gusta porque es una verdad en si misma, probablemente el mejor consejo a la hora de viajar. Un consejo que no siempre sabe bien, que puede que huela mal y que a veces no es muy cómodo... Pero que normalmente hace que te integres mucho mas y entiendas el porque de las cosas. ¿Sopa por la mañana a 40 grados en lugar de una tostada? Por algo será.
La noche. La noche me engancha, esté donde esté. Por un lado es muy parecida en todas partes y de alguna manera hace de pegamento para unir un sitio con otro. Por otra parte... Es como una maquina del tiempo, o mejor dicho, una maquina del espacio. Un tanto peligrosa, por cierto. Me lleva y me trae sin avisar haciéndome soñar con otros sitios en los que también quiero estar. Libertad y condena bajo la luz del neón.
Cuando viajo intento no repetir destinos. Me queda mucho por ver y me va a faltar tiempo para todos los sitios que quiero. Bueno, y dinero, claro. Pero por otra parte, hay lugares que me han llegado tan adentro, que siempre los tengo presentes. Esa sensación depende mucho de lo que pasó la primera vez que estuve ahí. Cómo fue la gente conmigo... las experiencias que tuve... Me gusta pensar que siempre podré volver y que todo seguirá igual que entonces. Pero eso no pasa. Cada viaje es diferente. Acabo idealizando los sitios después de haber estado ahí. Cambias tú, cambian las personas, cambian las experiencias.
Los lugares que voy almacenando en mi cabeza... son proyecciones de esas experiencias.
Todos son buenos recuerdos, aunque en su momento no lo fueran tanto.
Aunque estoy un poco más atada a mi país, porque ahí están mi familia y mis amigos... mi hogar es ahí donde estoy en cada momento. Puede que la necesidad de querer estar en tantos sitios, hace que para mi no haya un lugar en concreto al que llamar "casa", esas cuatro paredes entre las que acumulo las cosas que te atan a una ciudad. Y es que no necesito vivir durante mucho tiempo en un mismo sitio para sentirme parte de ese lugar. O puede que no me guste formar parte durante mucho tiempo de algo. No lo sé.
Vivo en un estado de contradicción constante. Cuando estoy en mi país, hago todo lo posible por desconectar de todo lo que me rodea: del trabajo, de la gente, de lo que pasa... Y ahora que estoy aquí, me gusta estar conectada. Saber que pasa allí y a cambio contar lo que hago aquí. Es curioso... pero hablo más con mis amigos estando a 10,000 kilómetros de distancia, que a solo dos manzanas.
Hoy, me he levantado con un único objetivo: ver como se pone el sol. Me he pasado el día preguntando donde se veía el mejor atardecer. Tenia tantas ganas que he llegado dos horas antes. Esperando, sin desesperar. Dejándome llevar, sin prisas. Porque realmente hoy no tengo nada mejor que hacer, y además, mañana pienso repetirlo.
Ir de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo... Moverme de un sitio a otro como la gente de aquí y en cualquier medio de transporte, hace que me sienta... menos de paso.
Cuando era pequeña, odiaba cualquier trayecto en autobús de mas de 50 kilómetros de distancia. Ahora, hago viajes de 14 horas como si nada. En autobuses sin baño, que paran de repente en un maloliente bar de carretera y luego no lo hacen durante las siguientes 5 horas. Con asientos que no paran de moverse o que no se reclinan lo suficiente. Sé, que como plan suena fatal... Pero me gusta. Me gusta vivir esto desde dentro. Cuando te sales un poco de lo habitual... de las rutas y caminos marcados... cuando te pierdes... es cuando te pasan cosas y cuando conoces un país de verdad. Es mucho más cómodo ir de una ciudad a otra en avión, pero no te pierdes tú, te pierdes todo lo que pasa a tu alrededor.
Es increíble como te marca la forma de ver la vida según donde hayas nacido. Aunque generalizar es injusto y las comparaciones son odiosas pero inevitables... según el país en el que estás, ves a la gente mas o menos gris... mas o menos comunicativa... mas o menos abierta... eso si, a su manera, consiguen ese punto de felicidad que necesitan. Consiguen serlo con lo poco o mucho que tienen. Con lo mucho o poco que conocen. Creo que la clave es si según mi punto de vista, me parecen mas felices, agradables o atentos... que yo. Ese es el racero. Lo que uno conoce. Por eso, creo que cuanto mas viajo, Mas valoro otras formas de ver las cosas y mas objetiva soy con como debo de entender la vida.
Mi país me gusta. Es una ciudad que acabo echando de menos tanto, como echo de menos todo esto cuando estoy ahí. Estoy encerrada en un permanente estado de "insatisfacción" que por otra parte me libera constantemente. Para muchos estoy loca... soy inestable, irresponsable e imprudente. Ellos no pueden llevar esta vida, no la entienden o no la quieren. Para otros, soy como una aventurera, porque ellos también han sentido alguna vez la necesidad de romper con su vida para vivir otras cosas. Para mi, quedarme quieta en un mismo sitio viendo como pasa el tiempo, es renunciar a todo lo que no conozco. Ya habrá tiempo de sentarse... o no. Si, quiero formar una familia... Bueno, eso creo. Pero no sé ni cuando, ni dónde. Lo que si sé es que seguiría viajando... Pero con ellos. Les enseñaría estos sitios a los que siempre querré volver y descubriríamos otros nuevos juntos. Me he encontrado parejas con sus hijos dando la vuelta al mundo... Dos mochilas grandes, dos pequeñas, y mucha ilusión. Así me veo yo dentro de 20 años.
Soñar despierta es una carga muy difícil de llevar. Creo que de alguna manera... soy prisionera de mi ansia de libertad constante y eso no sé si es bueno o malo.
Conozco personas que son felices trabajando en el mismo sitio después de 10 años, con su hipoteca, con sus vacaciones en Menorca, verano tras verano... No necesitan más. De algún modo siento cierta envidia. Son felices con lo que tienen, y cada vez lo tengo más claro. Yo no lo soy tanto. A veces pienso que no puedo ser feliz en un solo sitio. Tendré que serlo en esa ciudad que no existe. En esa ciudad construida en mi imaginario por miles de trozos de los diferentes lugares en los que he estado y en los que aun me quedan por estar. Lo sé... no me aclaro.
Necesito volver a perder la noción del tiempo y que cada día de las semanas se llame igual. No saber en que mes estoy. Es increíble, pero pasa. Necesito que los domingos no sean tristes, ni los miércoles el día del espectador. Quiero que lo único importante sea pensar en que hacer en cada momento: dónde dormir cada día, cuánto me puedo ahorrar comiendo, cómo llegar a la siguiente ciudad, qué me espera al bajarme del siguiente autobús... Del siguiente barco... Del siguiente tren...
No me gusta volar pero es el precio que tengo que pagar para que a partir de hoy cada día no sea un día cualquiera.
Lo mejor de estar lejos de todo lo que conozco es saber que a cada paso que dé, me espera algo totalmente nuevo. No tener un camino aprendido en el que hacer memoria en cada semáforo, cada tienda, cada esquina, hace que me fije en todo lo que me rodea, que esté alerta para no perderme nada. Es entonces cuando tengo la sensación de estar en un momento único y en el que todo lo demás no importa. Reconozco que estoy enganchada a esta forma de vida. Estoy aquí. En éste lugar ajeno a mi mundo. Ahora... Y puede que no pueda venir nunca más. Tengo que saborear cada momento, guardarlo en mi disco duro, para dentro de muchos años recuperar algún segundo de todo esto. A algún segundo que pueda sobrevivir al paso del tiempo y que me devuelva aquí por un instante.
No recuerdo que pasó hace 3 semanas en un día cualquiera de oficina, pero quiero recordar que estoy aquí.
Siempre me pasa igual. Me cuesta adaptarme al cambio. A pesar de la cantidad de sitios en los que he estado, al principio es solo pagar una especie de peaje. Es una pequeña descompresión... O mejor dicho... Una pequeña comprensión.
Costumbres ajenas, que me toman desprevenida al principio. Las mismas a las que al poco tiempo me acostumbro y hago mías. Nunca dejara de sorprenderme la capacidad de adaptación que tiene el ser humano.
Reconozco que no me gusta encontrar gente de mi mismo país por el mundo. Cuando eso ocurre, procuro hablar y tratar de pasar desapercibida. En parte me siento mal por hacerlo... Pero la realidad es que no puedo con las exaltaciones nacionalistas a kilómetros de distancia. Además, se trata de una situación que hace que todo sea menos autentico. Menos especial. Y seamos sinceros... Cuando uno esta a miles de kilómetros de casa... mochila en mano... buscando experiencias nuevas... queriendo vivir una aventura, no quiere hablar de jamón, ni tortillas, ni patatas con desconocidos. Al menos, no en tu mismo idioma. No sé... Parece que por el hecho de ser de nuestro país estamos obligados a entablar una conversación, que nos llevara irremediablemente al mismo sitio del que venimos. Es algo que nunca he entendido, si coincidiera con ellos en el metro de donde soy, no hablaríamos de nada. ¿Por qué aquí si?.
Que curiosa es la curiosidad. Siento que la gente me mira y se sorprenden porque me paro a mirar cosas que a ellos no les llama la atención. Para ellos, todo esto es normal. Es su día a día. Para mi no... Para mi un perro dentro de una jaula con un cuenco de arroz no es normal. Se merece dos o tres minutos de mi tiempo y alguna que otra foto. Por esto, me paro a ver cualquier cosa que aquí es normal y me siento observada, lo cual también me hace mucha gracia. Seguro que alguna vez estando en la calle de casa me he parado a mirar a alguien que estaba haciéndole una foto a un puesto de churros. Que curiosa es la curiosidad, sobre todo cuando no pretende serlo. "Donde fueras, haz lo que vienes", probablemente una de las frases hechas que me generan mas amor y odio a partes iguales. La odio porque suena fatal y porque a casi todo el mundo se le llena la boca al pronunciarla como si realmente se dejaran llevar por ella, se trata de una especie de violación gramatical socialmente afectada. Y me gusta porque es una verdad en si misma, probablemente el mejor consejo a la hora de viajar. Un consejo que no siempre sabe bien, que puede que huela mal y que a veces no es muy cómodo... Pero que normalmente hace que te integres mucho mas y entiendas el porque de las cosas. ¿Sopa por la mañana a 40 grados en lugar de una tostada? Por algo será.
La noche. La noche me engancha, esté donde esté. Por un lado es muy parecida en todas partes y de alguna manera hace de pegamento para unir un sitio con otro. Por otra parte... Es como una maquina del tiempo, o mejor dicho, una maquina del espacio. Un tanto peligrosa, por cierto. Me lleva y me trae sin avisar haciéndome soñar con otros sitios en los que también quiero estar. Libertad y condena bajo la luz del neón.
Cuando viajo intento no repetir destinos. Me queda mucho por ver y me va a faltar tiempo para todos los sitios que quiero. Bueno, y dinero, claro. Pero por otra parte, hay lugares que me han llegado tan adentro, que siempre los tengo presentes. Esa sensación depende mucho de lo que pasó la primera vez que estuve ahí. Cómo fue la gente conmigo... las experiencias que tuve... Me gusta pensar que siempre podré volver y que todo seguirá igual que entonces. Pero eso no pasa. Cada viaje es diferente. Acabo idealizando los sitios después de haber estado ahí. Cambias tú, cambian las personas, cambian las experiencias.
Los lugares que voy almacenando en mi cabeza... son proyecciones de esas experiencias.
Todos son buenos recuerdos, aunque en su momento no lo fueran tanto.
Aunque estoy un poco más atada a mi país, porque ahí están mi familia y mis amigos... mi hogar es ahí donde estoy en cada momento. Puede que la necesidad de querer estar en tantos sitios, hace que para mi no haya un lugar en concreto al que llamar "casa", esas cuatro paredes entre las que acumulo las cosas que te atan a una ciudad. Y es que no necesito vivir durante mucho tiempo en un mismo sitio para sentirme parte de ese lugar. O puede que no me guste formar parte durante mucho tiempo de algo. No lo sé.
Vivo en un estado de contradicción constante. Cuando estoy en mi país, hago todo lo posible por desconectar de todo lo que me rodea: del trabajo, de la gente, de lo que pasa... Y ahora que estoy aquí, me gusta estar conectada. Saber que pasa allí y a cambio contar lo que hago aquí. Es curioso... pero hablo más con mis amigos estando a 10,000 kilómetros de distancia, que a solo dos manzanas.
Hoy, me he levantado con un único objetivo: ver como se pone el sol. Me he pasado el día preguntando donde se veía el mejor atardecer. Tenia tantas ganas que he llegado dos horas antes. Esperando, sin desesperar. Dejándome llevar, sin prisas. Porque realmente hoy no tengo nada mejor que hacer, y además, mañana pienso repetirlo.
Ir de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo... Moverme de un sitio a otro como la gente de aquí y en cualquier medio de transporte, hace que me sienta... menos de paso.
Cuando era pequeña, odiaba cualquier trayecto en autobús de mas de 50 kilómetros de distancia. Ahora, hago viajes de 14 horas como si nada. En autobuses sin baño, que paran de repente en un maloliente bar de carretera y luego no lo hacen durante las siguientes 5 horas. Con asientos que no paran de moverse o que no se reclinan lo suficiente. Sé, que como plan suena fatal... Pero me gusta. Me gusta vivir esto desde dentro. Cuando te sales un poco de lo habitual... de las rutas y caminos marcados... cuando te pierdes... es cuando te pasan cosas y cuando conoces un país de verdad. Es mucho más cómodo ir de una ciudad a otra en avión, pero no te pierdes tú, te pierdes todo lo que pasa a tu alrededor.
Es increíble como te marca la forma de ver la vida según donde hayas nacido. Aunque generalizar es injusto y las comparaciones son odiosas pero inevitables... según el país en el que estás, ves a la gente mas o menos gris... mas o menos comunicativa... mas o menos abierta... eso si, a su manera, consiguen ese punto de felicidad que necesitan. Consiguen serlo con lo poco o mucho que tienen. Con lo mucho o poco que conocen. Creo que la clave es si según mi punto de vista, me parecen mas felices, agradables o atentos... que yo. Ese es el racero. Lo que uno conoce. Por eso, creo que cuanto mas viajo, Mas valoro otras formas de ver las cosas y mas objetiva soy con como debo de entender la vida.
Mi país me gusta. Es una ciudad que acabo echando de menos tanto, como echo de menos todo esto cuando estoy ahí. Estoy encerrada en un permanente estado de "insatisfacción" que por otra parte me libera constantemente. Para muchos estoy loca... soy inestable, irresponsable e imprudente. Ellos no pueden llevar esta vida, no la entienden o no la quieren. Para otros, soy como una aventurera, porque ellos también han sentido alguna vez la necesidad de romper con su vida para vivir otras cosas. Para mi, quedarme quieta en un mismo sitio viendo como pasa el tiempo, es renunciar a todo lo que no conozco. Ya habrá tiempo de sentarse... o no. Si, quiero formar una familia... Bueno, eso creo. Pero no sé ni cuando, ni dónde. Lo que si sé es que seguiría viajando... Pero con ellos. Les enseñaría estos sitios a los que siempre querré volver y descubriríamos otros nuevos juntos. Me he encontrado parejas con sus hijos dando la vuelta al mundo... Dos mochilas grandes, dos pequeñas, y mucha ilusión. Así me veo yo dentro de 20 años.
Soñar despierta es una carga muy difícil de llevar. Creo que de alguna manera... soy prisionera de mi ansia de libertad constante y eso no sé si es bueno o malo.
Conozco personas que son felices trabajando en el mismo sitio después de 10 años, con su hipoteca, con sus vacaciones en Menorca, verano tras verano... No necesitan más. De algún modo siento cierta envidia. Son felices con lo que tienen, y cada vez lo tengo más claro. Yo no lo soy tanto. A veces pienso que no puedo ser feliz en un solo sitio. Tendré que serlo en esa ciudad que no existe. En esa ciudad construida en mi imaginario por miles de trozos de los diferentes lugares en los que he estado y en los que aun me quedan por estar. Lo sé... no me aclaro.
El síndrome del eterno viajero es la sensación de no estar a gusto en ningún sitio porque necesitas estar en otros.
Es la ansiedad que sientes al pensar que nunca serás feliz en un solo lugar.
Es la ansiedad de pensar que te estás perdiendo cosas... otras costumbres, otros olores, otros sabores.
Es no limitarte a lo que ya conoces.
Es una enfermedad... que te salva la vida."
-Ella. Algo para recordar.
"De esto se trata la vida, de esto se trata viajar".
"En travesía de la vida, todos tendremos el mismo destino final. Sin importar quien seas o cuanto dinero tengas.
Este ultimo viaje no permite pertenencias. Será lo intangible tu maleta de mano, y los recuerdos del equipaje a documentar.
¿Cuántas escalas quieres hacer antes de tu último despegue?
Piensa:
Si tu viaje terminará mañana.
¿Estás listo?
¿Has cumplido todos tus sueños?
¿Te has dejado sorprender como hacen los niños?
¿Has visitado ese lugar que tanto sueñas conocer?
¿Has platicado con alguien sin ni siquiera pronunciar una sola palabra?
¿Qué esperas?
La vida es aquí. La vida es ahora.
Vive. Viaja."
-Alan Estrada.
Este ultimo viaje no permite pertenencias. Será lo intangible tu maleta de mano, y los recuerdos del equipaje a documentar.
¿Cuántas escalas quieres hacer antes de tu último despegue?
Piensa:
Si tu viaje terminará mañana.
¿Estás listo?
¿Has cumplido todos tus sueños?
¿Te has dejado sorprender como hacen los niños?
¿Has visitado ese lugar que tanto sueñas conocer?
¿Has platicado con alguien sin ni siquiera pronunciar una sola palabra?
¿Qué esperas?
La vida es aquí. La vida es ahora.
Vive. Viaja."
-Alan Estrada.
"Carta a mi mismo cuando tenía 20 años."
"No voy a preguntar como estás, porque lo recuerdo. Estas bien, y los años que vienen vas a estar bien.
No tengo mucho tiempo (no lo vas a tener, pues) ni mucho espacio. Apenas 2,500 caracteres para decirte algo importante desde el futuro.
Así que elijo esto: ¡Viaja más!
Si te vas a empeñar en algo, empéñate en irte. Cada vez que puedas, y cada vez por mas tiempo.
Sigue los mismos sueños, haz los mismos planes, emprende los mismos proyectos y repite los mismos errores si quieres. Pero viaja más.
En los próximos años te van a distraer ideas, sentimientos y personas. Aférrate al plan, que yo sé lo que te digo. Invierte en viajar, que es invertir en vivir. Usa lo que te ganes para alejarte de vez en cuando, que no puede haber perspectiva sin distancia. Ve y regresa, y vuélvete a ir. Créeme que nada te va a dar momentos de mayor felicidad.
Viaja joven, en circunstancias no harán mas que complicarse luego. Viaja lejos, y viaja cerca. Viaja con tu gente más querida. Viaja sólo; viaja soltero.
Solo después viaja en pareja. "Nada pone a prueba el amor como viajar juntos", decía Mark Twain, viajero incansable y astuto que encontró el amor. Viajando.
Camina, camina, camina. Gástate los pies recorriendo calles nuevas. Piérdete sin miedo. Habla con desconocidos, escucha todas las historias, haz todas las preguntas. Come sólo, come en bola, come sin prisa, come de camino. Come allá lo que nunca vas a comer acá. Lo caro y lo barato, lo verde y lo rojo, lo duro y lo espeso.
Exprime cada día y cada noche. Emborráchate al menos una vez en cada ciudad. Prueba todo lo que no te mate. Haz el ridículo. Enamórate por un par de días. Ama en otro idioma. Habla en otras lenguas. Toca la gloria.
Viaja con humildad, que es lo que garantiza la capacidad de asombro. Asómbrate de lo épico y de lo simple, de lo extraordinario y de lo mundano. Asómbrate de los olores, de los colores, de la naturaleza y de lo que la gente hace con la naturaleza. Asómbrate del arte, del caos, del futuro y del pasado, de lo exquisito y lo repugnante. Aprende sin soberbia y déjate arrollar una y otra vez por el asombro, que es lo que hidrata al alma y el cerebro. Que “viajar es fatal para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de mente”, escribió Twain en sus crónicas. “Nadie adquiere una visión amplia, saludable y generosa si se queda en una esquina de la Tierra toda su vida”, remataba.
No tengo mucho tiempo (no lo vas a tener, pues) ni mucho espacio. Apenas 2,500 caracteres para decirte algo importante desde el futuro.
Así que elijo esto: ¡Viaja más!
Si te vas a empeñar en algo, empéñate en irte. Cada vez que puedas, y cada vez por mas tiempo.
Sigue los mismos sueños, haz los mismos planes, emprende los mismos proyectos y repite los mismos errores si quieres. Pero viaja más.
En los próximos años te van a distraer ideas, sentimientos y personas. Aférrate al plan, que yo sé lo que te digo. Invierte en viajar, que es invertir en vivir. Usa lo que te ganes para alejarte de vez en cuando, que no puede haber perspectiva sin distancia. Ve y regresa, y vuélvete a ir. Créeme que nada te va a dar momentos de mayor felicidad.
Viaja joven, en circunstancias no harán mas que complicarse luego. Viaja lejos, y viaja cerca. Viaja con tu gente más querida. Viaja sólo; viaja soltero.
Solo después viaja en pareja. "Nada pone a prueba el amor como viajar juntos", decía Mark Twain, viajero incansable y astuto que encontró el amor. Viajando.
Camina, camina, camina. Gástate los pies recorriendo calles nuevas. Piérdete sin miedo. Habla con desconocidos, escucha todas las historias, haz todas las preguntas. Come sólo, come en bola, come sin prisa, come de camino. Come allá lo que nunca vas a comer acá. Lo caro y lo barato, lo verde y lo rojo, lo duro y lo espeso.
Exprime cada día y cada noche. Emborráchate al menos una vez en cada ciudad. Prueba todo lo que no te mate. Haz el ridículo. Enamórate por un par de días. Ama en otro idioma. Habla en otras lenguas. Toca la gloria.
Viaja con humildad, que es lo que garantiza la capacidad de asombro. Asómbrate de lo épico y de lo simple, de lo extraordinario y de lo mundano. Asómbrate de los olores, de los colores, de la naturaleza y de lo que la gente hace con la naturaleza. Asómbrate del arte, del caos, del futuro y del pasado, de lo exquisito y lo repugnante. Aprende sin soberbia y déjate arrollar una y otra vez por el asombro, que es lo que hidrata al alma y el cerebro. Que “viajar es fatal para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de mente”, escribió Twain en sus crónicas. “Nadie adquiere una visión amplia, saludable y generosa si se queda en una esquina de la Tierra toda su vida”, remataba.
Vas a ver que el mundo se va a hacer más pequeño. El obstáculo entonces será tu voluntad, o la falta de ella. Me habría gustado entenderlo más temprano. Que no te pase.
Por cierto: en el título digo “carta” por decir cualquier cosa. En el futuro nadie escribe cartas. Ni siquiera cuando está de viaje."
-Cristian Cambronero.
jueves, 4 de agosto de 2016
Esto ya no tiene sentido.
No sentía nada. Ni felicidad, ni tristeza. La música me era indiferente. Mis letras no tenían sentido. Podía llorar como reír. Estaba vacía. Sin sentimientos. Sin emociones. Cuando llegas a un punto donde todo te da igual. Si es de noche o de día. Si hace frio o calor. Cuando explotas por dentro y nadie quiere notarlo. Cuando tienes que levantarte, pero no sabes cómo. Solo quieres que termine, pero aún es el comienzo.
Ojalá pudiera hablar con mi yo del pasado. Le diría tantas cosas. Que hacer y que no hacer. En quien confiar y en quien no. A quien amar y a quien odiar. Si tomar aquel camino o el otro. Ojalá pudiera decirle que no sé en qué momento de mi corta vida me perdí a mi misma.
Maravillosas las personas que insisten y persisten para estar contigo pese a que todo esté mal.
Y yo sigo aquí, dedicándole mis insomnios. Poniéndole su nombre a mis ojeras. Esperando ese mensaje suyo que nunca llegó. Manteniendo la esperanza de que siga pensando en mi, como yo en él.
Soy joven, pero veo el amor a la antigua. Así con flores, cartas, que te alce mientras te besa, mirar a los ojos y apenarse. Me gusta amar, me gusta el amor a la antigua, lindo, romántico.
No creo en los puntos intermedios. O estás o no estás. O eres bueno o eres malo. Me quieres o no. Así de simple.
Me gusta leer porque imagino todo lo que pasa. Imagino que soy yo la que vive esas aventuras, peleas, amoríos y pruebas. Es como si mi vida fuera interesante; como si yo fuera importante. Me gusta tomar el lugar de las protagonistas. Enojarme por las malas decisiones. Sorprenderme por los giros inesperados de la historia. Llorar porque tuvo un final trágico. Reír por las ocurrencias de los personajes. Amar a cada uno de ellos. Pero, sobre todo, sentirme especial porque viajé a lugares, con tan solo encerrarme en mi habitación y abrir un libro.
Un brindis... A las escritoras, a los libros que rompen tu corazón y al absoluto maldito horror de perder tu cabeza porque fuiste lo suficientemente estúpida para enamorarte del personaje principal.
¡Brindemos! Porque nadie sabrá lo sola que me siento. Por todas las veces que me imaginé muriendo de distintas maneras. Porque soy un maldito desastre. Porque mis amigas jamás sabrán todos los problemas que rondan mi cabeza. Porque estoy jodidamente perdida en un mundo de mierda. Porque me harté de ayudar a las personas. Porque no soy suficiente para nadie. Porque siempre esperan mis consejos y que los escuche pero nunca hacen eso por mi. Porque un hongo tiene mas vida social que yo. Porque odio a todo el mundo. Porque no sé quien soy. Porque no le tengo miedo a nada.
¡Brindemos! Porque mi vida es una mierda.
*NOTA MENTAL: Deja de recordar a las personas que se han olvidado de ti y deja de recordar cosas que se deben olvidar también.*
Ojalá pudiera hablar con mi yo del pasado. Le diría tantas cosas. Que hacer y que no hacer. En quien confiar y en quien no. A quien amar y a quien odiar. Si tomar aquel camino o el otro. Ojalá pudiera decirle que no sé en qué momento de mi corta vida me perdí a mi misma.
Maravillosas las personas que insisten y persisten para estar contigo pese a que todo esté mal.
Y yo sigo aquí, dedicándole mis insomnios. Poniéndole su nombre a mis ojeras. Esperando ese mensaje suyo que nunca llegó. Manteniendo la esperanza de que siga pensando en mi, como yo en él.
Soy joven, pero veo el amor a la antigua. Así con flores, cartas, que te alce mientras te besa, mirar a los ojos y apenarse. Me gusta amar, me gusta el amor a la antigua, lindo, romántico.
No creo en los puntos intermedios. O estás o no estás. O eres bueno o eres malo. Me quieres o no. Así de simple.
Me gusta leer porque imagino todo lo que pasa. Imagino que soy yo la que vive esas aventuras, peleas, amoríos y pruebas. Es como si mi vida fuera interesante; como si yo fuera importante. Me gusta tomar el lugar de las protagonistas. Enojarme por las malas decisiones. Sorprenderme por los giros inesperados de la historia. Llorar porque tuvo un final trágico. Reír por las ocurrencias de los personajes. Amar a cada uno de ellos. Pero, sobre todo, sentirme especial porque viajé a lugares, con tan solo encerrarme en mi habitación y abrir un libro.
Un brindis... A las escritoras, a los libros que rompen tu corazón y al absoluto maldito horror de perder tu cabeza porque fuiste lo suficientemente estúpida para enamorarte del personaje principal.
¡Brindemos! Porque nadie sabrá lo sola que me siento. Por todas las veces que me imaginé muriendo de distintas maneras. Porque soy un maldito desastre. Porque mis amigas jamás sabrán todos los problemas que rondan mi cabeza. Porque estoy jodidamente perdida en un mundo de mierda. Porque me harté de ayudar a las personas. Porque no soy suficiente para nadie. Porque siempre esperan mis consejos y que los escuche pero nunca hacen eso por mi. Porque un hongo tiene mas vida social que yo. Porque odio a todo el mundo. Porque no sé quien soy. Porque no le tengo miedo a nada.
¡Brindemos! Porque mi vida es una mierda.
*NOTA MENTAL: Deja de recordar a las personas que se han olvidado de ti y deja de recordar cosas que se deben olvidar también.*
miércoles, 3 de agosto de 2016
Chocolate con las manos sucias.
Mi mañana comienza de manera acelerada, no puedo creer que yo te haya citado en la peor trinchera de todas y es hora, solo a unos segundos de que irrumpas en mi vida. Me he dado cuenta de lo cerca que está la estación; pero no puedo huir... No esta vez...
Solo que el ambiente a mi alrededor no es el mejor de todos... Ancianos, música, berrinches de pequeños niños demasiado cerca, ¿sabes?, mientras espero el olor es tremendamente asqueroso una mezcla extraña de comidas, la mugre de mis uñas y olores corporales entrelazados... ¿Qué crees?, no puedo comerme mi chocolate con las manos sucias... ¡No puedo!
No quiero ni siquiera posar mis manos sobre la mesa que un día fue blanca y ahora solo esconde oscuros secretos en cada mancha.
Mis ojos se descontrolan, te buscan en cada cara y yo me pido a mi misma escapar de este pestilente lugar... Estoy tan cansada de esperar que no logro mantener mis ojos abiertos... ¿Sabes?, esta espera me desespera por completo...
Y a mi misma me digo:
-¡No comas chocolate con las manos sucias!
Solo que el ambiente a mi alrededor no es el mejor de todos... Ancianos, música, berrinches de pequeños niños demasiado cerca, ¿sabes?, mientras espero el olor es tremendamente asqueroso una mezcla extraña de comidas, la mugre de mis uñas y olores corporales entrelazados... ¿Qué crees?, no puedo comerme mi chocolate con las manos sucias... ¡No puedo!
No quiero ni siquiera posar mis manos sobre la mesa que un día fue blanca y ahora solo esconde oscuros secretos en cada mancha.
Mis ojos se descontrolan, te buscan en cada cara y yo me pido a mi misma escapar de este pestilente lugar... Estoy tan cansada de esperar que no logro mantener mis ojos abiertos... ¿Sabes?, esta espera me desespera por completo...
Y a mi misma me digo:
-¡No comas chocolate con las manos sucias!
La hora mas violenta...
La hora mas oscura, la mas violenta transcurre en mi cama solitaria... Dentro de mi cuerpo una lucha de demonios que vociferan groserías que me desarman la confianza... Es ensordecedor el grito de mis sueños.
Pero entre cada ataque llega el galope tenaz dentro de mi cerebro... Aparece mi otro yo... Y los lápices, hojas azules de papel toman vida y me persigue sin piedad... La tinta se desborda tiñendo de magenta cada esquina de mi noche a oscuras...
No es tu voz, no son tus manos, ni siquiera un poco de tu tiempo el que me penetra... Solo es tu olvido el que me destruye las esperanzas de levantarme una vez mas... Es tu silencio el que me deja sin colores el rostro... Apagas de manera intermitente el interruptor de mis deseos.
El recordarte mientras por horas me decías... Esto y aquello... Es lo único que dibuja una pequeña mueca en mis rosados labios.
Me has dejado sin decir adiós... Solo entre libros camino.
Pero entre cada ataque llega el galope tenaz dentro de mi cerebro... Aparece mi otro yo... Y los lápices, hojas azules de papel toman vida y me persigue sin piedad... La tinta se desborda tiñendo de magenta cada esquina de mi noche a oscuras...
No es tu voz, no son tus manos, ni siquiera un poco de tu tiempo el que me penetra... Solo es tu olvido el que me destruye las esperanzas de levantarme una vez mas... Es tu silencio el que me deja sin colores el rostro... Apagas de manera intermitente el interruptor de mis deseos.
El recordarte mientras por horas me decías... Esto y aquello... Es lo único que dibuja una pequeña mueca en mis rosados labios.
Me has dejado sin decir adiós... Solo entre libros camino.
Labios Ausentes.
La luna llena frente a mi ventana me observa, mis brazos vacíos formando un hueco; noche serena, que se burlan de mis ganas de besarte, mi alma se inquieta con la espera que me desespera... Como una estrella fugaz mi corazón se escapa... Suspiros desolados al otro lado del televisor me hacen estallar en llanto... No te tengo y tu no me tienes para estrujarme sin piedad mientras me besas; no sé qué maldición es esta de amar entre el olvido y la distancia... Son solo mis deseos de sentir caricias suaves en mi mentón lo que me llevan a soñar con un presente entre tus labios y el tiempo que se detiene. ¿Ves cómo se me escapa la vida dibujando labios ausentes?... Hoy en mi tarde de invierno que huele a verano te escribo todo lo que siento... Te lo escribo porque mis palabras son como hojas que se las lleva el viento... Espero entre notas musicales encontrar tu voz diciendo que me amas... Por eso callo.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
