Necesito volver a perder la noción del tiempo y que cada día de las semanas se llame igual. No saber en que mes estoy. Es increíble, pero pasa. Necesito que los domingos no sean tristes, ni los miércoles el día del espectador. Quiero que lo único importante sea pensar en que hacer en cada momento: dónde dormir cada día, cuánto me puedo ahorrar comiendo, cómo llegar a la siguiente ciudad, qué me espera al bajarme del siguiente autobús... Del siguiente barco... Del siguiente tren...
No me gusta volar pero es el precio que tengo que pagar para que a partir de hoy cada día no sea un día cualquiera.
Lo mejor de estar lejos de todo lo que conozco es saber que a cada paso que dé, me espera algo totalmente nuevo. No tener un camino aprendido en el que hacer memoria en cada semáforo, cada tienda, cada esquina, hace que me fije en todo lo que me rodea, que esté alerta para no perderme nada. Es entonces cuando tengo la sensación de estar en un momento único y en el que todo lo demás no importa. Reconozco que estoy enganchada a esta forma de vida. Estoy aquí. En éste lugar ajeno a mi mundo. Ahora... Y puede que no pueda venir nunca más. Tengo que saborear cada momento, guardarlo en mi disco duro, para dentro de muchos años recuperar algún segundo de todo esto. A algún segundo que pueda sobrevivir al paso del tiempo y que me devuelva aquí por un instante.
No recuerdo que pasó hace 3 semanas en un día cualquiera de oficina, pero quiero recordar que estoy aquí.
Siempre me pasa igual. Me cuesta adaptarme al cambio. A pesar de la cantidad de sitios en los que he estado, al principio es solo pagar una especie de peaje. Es una pequeña descompresión... O mejor dicho... Una pequeña comprensión.
Costumbres ajenas, que me toman desprevenida al principio. Las mismas a las que al poco tiempo me acostumbro y hago mías. Nunca dejara de sorprenderme la capacidad de adaptación que tiene el ser humano.
Reconozco que no me gusta encontrar gente de mi mismo país por el mundo. Cuando eso ocurre, procuro hablar y tratar de pasar desapercibida. En parte me siento mal por hacerlo... Pero la realidad es que no puedo con las exaltaciones nacionalistas a kilómetros de distancia. Además, se trata de una situación que hace que todo sea menos autentico. Menos especial. Y seamos sinceros... Cuando uno esta a miles de kilómetros de casa... mochila en mano... buscando experiencias nuevas... queriendo vivir una aventura, no quiere hablar de jamón, ni tortillas, ni patatas con desconocidos. Al menos, no en tu mismo idioma. No sé... Parece que por el hecho de ser de nuestro país estamos obligados a entablar una conversación, que nos llevara irremediablemente al mismo sitio del que venimos. Es algo que nunca he entendido, si coincidiera con ellos en el metro de donde soy, no hablaríamos de nada. ¿Por qué aquí si?.
Que curiosa es la curiosidad. Siento que la gente me mira y se sorprenden porque me paro a mirar cosas que a ellos no les llama la atención. Para ellos, todo esto es normal. Es su día a día. Para mi no... Para mi un perro dentro de una jaula con un cuenco de arroz no es normal. Se merece dos o tres minutos de mi tiempo y alguna que otra foto. Por esto, me paro a ver cualquier cosa que aquí es normal y me siento observada, lo cual también me hace mucha gracia. Seguro que alguna vez estando en la calle de casa me he parado a mirar a alguien que estaba haciéndole una foto a un puesto de churros. Que curiosa es la curiosidad, sobre todo cuando no pretende serlo. "Donde fueras, haz lo que vienes", probablemente una de las frases hechas que me generan mas amor y odio a partes iguales. La odio porque suena fatal y porque a casi todo el mundo se le llena la boca al pronunciarla como si realmente se dejaran llevar por ella, se trata de una especie de violación gramatical socialmente afectada. Y me gusta porque es una verdad en si misma, probablemente el mejor consejo a la hora de viajar. Un consejo que no siempre sabe bien, que puede que huela mal y que a veces no es muy cómodo... Pero que normalmente hace que te integres mucho mas y entiendas el porque de las cosas. ¿Sopa por la mañana a 40 grados en lugar de una tostada? Por algo será.
La noche. La noche me engancha, esté donde esté. Por un lado es muy parecida en todas partes y de alguna manera hace de pegamento para unir un sitio con otro. Por otra parte... Es como una maquina del tiempo, o mejor dicho, una maquina del espacio. Un tanto peligrosa, por cierto. Me lleva y me trae sin avisar haciéndome soñar con otros sitios en los que también quiero estar. Libertad y condena bajo la luz del neón.
Cuando viajo intento no repetir destinos. Me queda mucho por ver y me va a faltar tiempo para todos los sitios que quiero. Bueno, y dinero, claro. Pero por otra parte, hay lugares que me han llegado tan adentro, que siempre los tengo presentes. Esa sensación depende mucho de lo que pasó la primera vez que estuve ahí. Cómo fue la gente conmigo... las experiencias que tuve... Me gusta pensar que siempre podré volver y que todo seguirá igual que entonces. Pero eso no pasa. Cada viaje es diferente. Acabo idealizando los sitios después de haber estado ahí. Cambias tú, cambian las personas, cambian las experiencias.
Los lugares que voy almacenando en mi cabeza... son proyecciones de esas experiencias.
Todos son buenos recuerdos, aunque en su momento no lo fueran tanto.
Aunque estoy un poco más atada a mi país, porque ahí están mi familia y mis amigos... mi hogar es ahí donde estoy en cada momento. Puede que la necesidad de querer estar en tantos sitios, hace que para mi no haya un lugar en concreto al que llamar "casa", esas cuatro paredes entre las que acumulo las cosas que te atan a una ciudad. Y es que no necesito vivir durante mucho tiempo en un mismo sitio para sentirme parte de ese lugar. O puede que no me guste formar parte durante mucho tiempo de algo. No lo sé.
Vivo en un estado de contradicción constante. Cuando estoy en mi país, hago todo lo posible por desconectar de todo lo que me rodea: del trabajo, de la gente, de lo que pasa... Y ahora que estoy aquí, me gusta estar conectada. Saber que pasa allí y a cambio contar lo que hago aquí. Es curioso... pero hablo más con mis amigos estando a 10,000 kilómetros de distancia, que a solo dos manzanas.
Hoy, me he levantado con un único objetivo: ver como se pone el sol. Me he pasado el día preguntando donde se veía el mejor atardecer. Tenia tantas ganas que he llegado dos horas antes. Esperando, sin desesperar. Dejándome llevar, sin prisas. Porque realmente hoy no tengo nada mejor que hacer, y además, mañana pienso repetirlo.
Ir de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo... Moverme de un sitio a otro como la gente de aquí y en cualquier medio de transporte, hace que me sienta... menos de paso.
Cuando era pequeña, odiaba cualquier trayecto en autobús de mas de 50 kilómetros de distancia. Ahora, hago viajes de 14 horas como si nada. En autobuses sin baño, que paran de repente en un maloliente bar de carretera y luego no lo hacen durante las siguientes 5 horas. Con asientos que no paran de moverse o que no se reclinan lo suficiente. Sé, que como plan suena fatal... Pero me gusta. Me gusta vivir esto desde dentro. Cuando te sales un poco de lo habitual... de las rutas y caminos marcados... cuando te pierdes... es cuando te pasan cosas y cuando conoces un país de verdad. Es mucho más cómodo ir de una ciudad a otra en avión, pero no te pierdes tú, te pierdes todo lo que pasa a tu alrededor.
Es increíble como te marca la forma de ver la vida según donde hayas nacido. Aunque generalizar es injusto y las comparaciones son odiosas pero inevitables... según el país en el que estás, ves a la gente mas o menos gris... mas o menos comunicativa... mas o menos abierta... eso si, a su manera, consiguen ese punto de felicidad que necesitan. Consiguen serlo con lo poco o mucho que tienen. Con lo mucho o poco que conocen. Creo que la clave es si según mi punto de vista, me parecen mas felices, agradables o atentos... que yo. Ese es el racero. Lo que uno conoce. Por eso, creo que cuanto mas viajo, Mas valoro otras formas de ver las cosas y mas objetiva soy con como debo de entender la vida.
Mi país me gusta. Es una ciudad que acabo echando de menos tanto, como echo de menos todo esto cuando estoy ahí. Estoy encerrada en un permanente estado de "insatisfacción" que por otra parte me libera constantemente. Para muchos estoy loca... soy inestable, irresponsable e imprudente. Ellos no pueden llevar esta vida, no la entienden o no la quieren. Para otros, soy como una aventurera, porque ellos también han sentido alguna vez la necesidad de romper con su vida para vivir otras cosas. Para mi, quedarme quieta en un mismo sitio viendo como pasa el tiempo, es renunciar a todo lo que no conozco. Ya habrá tiempo de sentarse... o no. Si, quiero formar una familia... Bueno, eso creo. Pero no sé ni cuando, ni dónde. Lo que si sé es que seguiría viajando... Pero con ellos. Les enseñaría estos sitios a los que siempre querré volver y descubriríamos otros nuevos juntos. Me he encontrado parejas con sus hijos dando la vuelta al mundo... Dos mochilas grandes, dos pequeñas, y mucha ilusión. Así me veo yo dentro de 20 años.
Soñar despierta es una carga muy difícil de llevar. Creo que de alguna manera... soy prisionera de mi ansia de libertad constante y eso no sé si es bueno o malo.
Conozco personas que son felices trabajando en el mismo sitio después de 10 años, con su hipoteca, con sus vacaciones en Menorca, verano tras verano... No necesitan más. De algún modo siento cierta envidia. Son felices con lo que tienen, y cada vez lo tengo más claro. Yo no lo soy tanto. A veces pienso que no puedo ser feliz en un solo sitio. Tendré que serlo en esa ciudad que no existe. En esa ciudad construida en mi imaginario por miles de trozos de los diferentes lugares en los que he estado y en los que aun me quedan por estar. Lo sé... no me aclaro.
El síndrome del eterno viajero es la sensación de no estar a gusto en ningún sitio porque necesitas estar en otros.
Es la ansiedad que sientes al pensar que nunca serás feliz en un solo lugar.
Es la ansiedad de pensar que te estás perdiendo cosas... otras costumbres, otros olores, otros sabores.
Es no limitarte a lo que ya conoces.
Es una enfermedad... que te salva la vida."
-Ella. Algo para recordar.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario